Las Ocas del Ejido, en La Iglesuela del Tiétar

Cómo todos los vecinos sabemos, La Iglesuela del Tiétar es un pueblo que posee muchos atractivos turísticos para los visitantes, pero podemos decir que el primero es la gastronomía. La comida casera como los callos con garbanzos o el cochinillo hacen de este pueblo un lugar obligado de parada para comer y degustar la comida casera a buen precio en sus restaurantes y mesones.



 Además de la buena comida también somos conocidos como el "pueblo de los patos". Pocas palabras más basta decir que "el pueblo del cochinillo y los patos" para que mucha gente en Madrid lo asocie con La Iglesuela.


Frente al restaurante de mi familia, Mesón los Arcos, se encuentra el lago de las Ocas, que aunque hace unos años ha cambiado a un aspecto más artificial se formó con  el agua que mana de los pozos cercanos que hacen reguera hasta él, y en la actualidad su llenado sigue siendo natural.


Tenemos que valorar que somos un pueblo privilegiado. En plena calle tenemos el Ejido, la naturaleza en la puerta de casa y eso hace que menos preciemos lo que tenemos y no le demos la importancia que se merece al Ejido.
Desconozco en que año poblaron el Ejido las ocas, pero fue allá de los años 80, pero si se quien lo hizo, Don Victor, más conocido como "El Maestro", el fue quien dio color a esta pradera y humedal con estos animales, que llegaron a alcanzar el centenar de ejemplares. Más adelante y no hace muchos años los pocos animales que quedaban, que estaban amenazados por su vejez, los depredadores y las dificultades que tienen para sacar adelante sus crías pasaron a mano de mi abuelo, Daniel, quien a sus más de 80 años posa en la foto y que desde entonces con la colaboración de su antiguo dueño se preocupó por la cría de estos animales, que en la actualidad son unos veinticuatro los que campan a sus anchas por el Ejido.