La Ermita de la Virgen de la Fuensanta, reina del valle del Tiétar

Este pasado mes de octubre me decidí por visitar la Ermita de la Fuensanta, me sentí atraído a realizar el paseo de poco más de dos kilómetros del centro de La Iglesuela por el verdor del campo y el contraste de colores del otoño. Este pasado mes de octubre ha sido un mes muy lluvioso y el campo ha recuperado su verdor y los manantiales han comenzado a recuperar todo el agua perdido en el verano en poco más de una semana.
Durante el trayecto por las calles y caminos me dejé llevar por la tranquilidad y el ruido de la naturaleza, como sonido de los pájaros que me acompañaron con su canto o los cencerros de las vacas que se ocultaban entre las encinas que rodean el camino.

No todo fue disfrutar de los sonidos de la naturaleza, también puse ojo en fijarme en los pequeños detalles que hacen historia en La Iglesuela, como pueden ser algunos de los pajares de la calle Prados y la cruz de la Ermita de la Fuensanta.







Una media hora después de salir de la plaza de España, y tras tomar la curva donde se encuentra la Cruz de la Fuensanta llegué a la ermita y descubrí esta placa que se encuentra en la pared sur, nunca antes me había fijado y por lo que descubrí parece que lleva allí bastante tiempo, tras fotografiarla subí al merendero y allí había un bando de gorriones rodeando una de las mesas comiéndose las migas de pan que había por allí, posiblemente de alguien que estaría merendando antes de que yo llegara.


La causa de que no pudiera sacar la imagen del bando de gorriones tiene que ver con estas simpáticas ovejas. En menos de un minuto rompieron el silencio con el sonido de sus cascabeles y cencerros, por lo que los gorriones huyeron. Las ovejas llegaron como se fueron, corriendo, pero al menos me dejaron unos segundos para tomar estas curiosas fotografías. 



Mi deseo de llegar allí era beber del agua de la fuente que su agua además de buena muchos vecinos afirman que tiene propiedades curativas, pero el año pasado las lluvias fueron escasas y las de este año aunque abundantes no han sido suficientes de momento.
De siempre he sabido que hace no muchos años la ermita era de piedra y que la estética de ahora no tiene nada que ver con la anterior, del siglo XIX. Aunque la ermita me parece preciosa, creo que fue una barbaridad tapar la piedra, pero agradezco que quien lo hiciera tuviera la decencia de dejar al menos la fuente y su altar en su estado original.

Asomando la cámara por una de las ventanas tomé esta sorprendente imagen, aunque la virgen siempre suele estar en la vidriera del fondo. En esta captura se aprecia muy poco del interior de la ermita, pero se ven detalles como son la cerámica de las pareces, la simbologia en los bloques de la mesa donde se ofician las misas y pequeño altillo de piedra a la izquierda.

La historia y construcción de esta Ermita según cuentan data del siglo XIX cuando un pastor de la vecina Casavieja se encontró a una muñeca en el manantial y este se la llevó a casa en repetidas veces para su hija, pero en ninguna ocasión llegó. La primera vez creyó haberla perdido por el camino, pero al día siguiente al llegar al manantial la muñeca estaba allí de nuevo, el pastor extrañado pensó en que alguien que la encontró tras haberla perdido, la devolvió a la fuente. La segunda vez la guardó bien con la intención de llevarla a su casa de nuevo, pero de nuevo al llegar a casa no estaba y al día siguiente estaba de nuevo en el manantial, muy extrañado lo intentó varias veces más y la muñeca siempre desaparecía y la volvía a encontrar en la fuente. Tras contar lo sucedido en La Iglesuela los vecinos construyeron la ermita, como lugar de resguardo para la virgen que la apodaron como "La de la Fuensanta" y empezaron a celebrar su fiesta el 1 de mayo.